Chile: cuenta regresiva para el modelo de Chicago

Como una paradoja del destino, el modelo econ贸mico neoliberal que fue implantado luego del violento golpe de Estado que encabez贸 Augusto Pinochet, se enfrenta ahora a la cuenta regresiva para su reemplazo, como consecuencia de un masivo levantamiento social que parti贸 el 18 de octubre de 2019. Este proceso fue antecedido por hechos violentos y confirma la sentencia de Marx, de que la violencia es la partera de la historia. En su obra cumbre, El Capital, Marx dice: 鈥渓a violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entra帽as otra nueva鈥 (1).


 

Por Niccolo Moro

Con el macizo triunfo de la opci贸n Apruebo y de la Convenci贸n Constitucional, el proceso constituyente chileno entr贸 en tierra derecha el 25 de octubre de 2020 (2). El 贸rgano que redactar谩 la nueva carta magna ser谩 integrado por ciudadanos elegidos de manera paritaria en abril de 2021: 50% mujeres y 50% hombres. Se trata de un proceso in茅dito en la historia de Chile que tiene su origen en un gigantesco movimiento social (genuinamente social, antes que pol铆tico-partidista), que a su vez fue impulsado por un inusitado estallido de violencia.

Las protestas iniciadas por estudiantes secundarios en octubre de 2019, contra el alza del pasaje en el tren metropolitano de Santiago, fueron seguidas por incendios simult谩neos en decenas de estaciones de este ferrocarril urbano. En los d铆as siguientes se sumaron otros masivos ataques a los bienes p煤blicos, as铆 como la quema de buses e incendios y saqueos a decenas de supermercados y peque帽os negocios, estaciones de polic铆a, hoteles, iglesias y edificios p煤blicos y privados. Estos mismos hechos se repitieron en las principales ciudades del pa铆s, junto con marchas espont谩neas de cientos de miles de chilenos que salieron a las calles a protestar.

Los hechos violentos son indesmentibles, como tambi茅n lo fue la marcha de ciudadanos m谩s masiva en la historia del pa铆s, ocurrida una semana despu茅s del estallido聽del 18聽octubre de 2019, la que se estima congreg贸 a 1.300.000 personas. La multitud cop贸 la estrat茅gica plaza Baquedano de la capital chilena (rebautizada por los manifestantes como plaza Dignidad) y sus avenidas y calles aleda帽as. Paralelamente, continuaron los hechos de violencia a lo largo del pa铆s, desde Arica a Punta Arenas, como tambi茅n las marchas pac铆ficas de ciudadanos que ped铆an cambios urgentes, dirigidos al coraz贸n del modelo econ贸mico.

En 2019 ning煤n partido, de izquierda, derecha y centro, ni menos el gobierno que encabeza Sebasti谩n Pi帽era, ten铆an en sus planes cambiar la constituci贸n. Ello, no obstante que dorm铆a en el Congreso un proyecto de nueva constituci贸n que fue elaborado por聽m谩s de 200.000 personas que participaron en los cabildos ciudadanos convocados por la ex Presidenta Michelle Bachelet.

El proceso formal que parti贸 con el plebiscito del 25 de octubre de 2020, es el primero en su tipo en la historia de Chile, puesto que todas las constituciones anteriores fueron escritas por grupos peque帽os y aprobadas mediante procesos no democr谩ticos.

El movimiento social surgido en octubre de 2019, aparentemente, no obedece a ning煤n partido, ni ha permitido que l铆deres pol铆ticos cl谩sicos, de cualquier signo, sean sus conductores. La columna vertebral de este movimiento ha sido la comunicaci贸n digital que fluye a trav茅s de redes sociales. Mientras tanto, los 煤nicos emblemas que han proliferado en las marchas callejeras son las banderas chilena y mapuche. Incluso esta 煤ltima ha sido la m谩s visible, a modo de expresi贸n de rebeld铆a contra el orden imperante.

Aun con las cr铆ticas que pueda desatar esta situaci贸n, desde el punto de vista moral y de la racionalidad pol铆tica, as铆 como desde la 贸ptica de la siempre necesaria defensa de la vida, de la civilidad, como tambi茅n de la preservaci贸n de los bienes, tanto p煤blicos como privados y del medio ambiente, el uso de la fuerza ha sido un hecho indesmentible. El grado superlativo de violencia ejercida por grupos espont谩neos de manifestantes (incluyendo barras bravas de equipos de f煤tbol, anarquistas y grupos anti sistema) que se tomaron las calles, gener贸 un clima de anarqu铆a e inseguridad que oblig贸 al gobierno y a los partidos pol铆ticos a buscar una salida pac铆fica a la crisis.

Un laboratorio vivo

El modelo econ贸mico neoliberal tambi茅n聽naci贸 en un contexto聽de violencia, en este caso de una violencia de Estado. Fue impuesto en dictadura por los disc铆pulos locales de Milton Friedman, como tambi茅n por los que siguen los postulados de quien fuera profesor de la Universidad de Chicago y Premio Nobel de Econom铆a, en 1976.

Tal como lo adelantaron los autores del libro 鈥淟a herencia de los Chicago boys鈥, los cambios estructurales realizados en dictadura fueron tan profundos que implicaron una renovaci贸n completa del capitalismo en Chile y que de no mediar 鈥渢ransformaciones pol铆ticas tan radicales como las que hicieron factible el golpe de Estado de 1973, el marco econ贸mico que hereda la democracia ser谩 muy dif铆cil de revertir, a menos que comience a sufrir paulatinas reformas para perseguir su deformaci贸n por la v铆a no violenta鈥 (3).

Este modelo transform贸 a Chile en un laboratorio vivo para experimentar las teor铆as liberales m谩s extremas de que se tenga memoria a nivel internacional. Sus impulsores se dieron el lujo de imponer medidas de alto impacto social y humano, muchas de ellas crueles e impopulares, en medio de un estado de terror, sin oposici贸n pol铆tica, sin libertad de prensa y sin contrapeso legislativo. Privatiz贸 todo lo que estaba a su alcance: la educaci贸n, la salud, la previsi贸n y los recursos naturales. En tanto, lo que no pudo privatizar lo terceriz贸 mediante el sistema de concesiones de c谩rceles, hospitales, autopistas, y numerosos servicios auxiliares de las pol铆ticas sociales. Entre estos 煤ltimos, los hogares de acogida del Servicio Nacional de Menores (Sename).

El modelo de Chicago se basa en el liberalismo extremo del mercado, por sobre el Estado. A partir de 1990 fue legitimado e incluso profundizado por los gobiernos democr谩ticos. Todo esto hasta el 18 de octubre de 2019, cuando se desat贸 la crisis social y la gente com煤n, alejada de los partidos y de las 茅lites con poder, apunt贸 a este modelo como responsable de las desigualdades, de la alta concentraci贸n de la riqueza y de la segregaci贸n de las clases populares, esas que no tienen capacidad financiera para acceder a los bienes y servicios que se ofrecen en el libre mercado.

Los partidos de izquierda, como tambi茅n los de centro, ten铆an este mismo diagn贸stico y cuando fueron gobierno realizaron esfuerzos reformistas para proveer mayor equidad y humanizar el modelo, pero dentro del marco institucional que lo protege.

[pullquote]La gente sencilla, mediante el m茅todo no convencional de las protestas masivas,聽cambi贸 dr谩sticamente el curso de la historia del pa铆s.[/pullquote]

El 18 de octubre de 2019 la gente sencilla, mediante el m茅todo no convencional de las protestas masivas, cambi贸 dr谩sticamente el curso de la historia del pa铆s, fijando un ritmo m谩s acelerado a los cambios. En hora buena, esta revoluci贸n social fue absorbida inteligentemente por la mayor铆a de los partidos, los cuales acordaron dar un cauce institucional-democr谩tico a las demandas.

Sin un horizonte pol铆tico claro y sin una conducci贸n centralizada, los movimientos sociales tienden a perder fuerza con el paso del tiempo y finalmente terminan por extinguirse. El mejor ejemplo de este fen贸meno lo dio el movimiento estudiantil de mayo de 1968, en Francia.

El actual proceso constituyente chileno es un punto de inflexi贸n en la estrategia de gradualidad aplicada hasta antes del estallido social de octubre de 2019. Muy distintos fueron los quiebres ocurridos a comienzo de la d茅cada de 1970. En ese breve lapso, Chile pas贸 abruptamente de una experiencia socialista, en el gobierno de Salvador Allende, a otra del capitalismo salvaje, en la dictadura de Pinochet. Lo que vino despu茅s, entre 1990 y 2020, fue una experiencia reformista y continuadora del modelo implantado en dictadura.

Modelo socialdem贸crata

El primer paso para darle proyecci贸n a la revoluci贸n de octubre en Chile fue el acuerdo pol铆tico del 15 de noviembre de 2019. Este permiti贸 trazar el itinerario del cambio constitucional profundo. De mantenerse la intensidad del movimiento social, acompa帽ado por una f茅rrea voluntad pol铆tica, el modelo econ贸mico de Chicago ser谩 reemplazado por uno de tipo socialdem贸crata, con un renovado welfare state y con un sector privado mucho m谩s sensible a las demandas sociales.

La nueva Constituci贸n chilena debiera eliminar las disposiciones que le dan preminencia al mercado por sobre el Estado, como -por ejemplo- la restricci贸n que este tiene para crear empresas y gestionar directamente programas de fomento, sobre todo en el 谩mbito de los recursos naturales; intervenir con mayor protagonismo y con m谩s recursos financieros en el plano de los derechos sociales b谩sicos (salud, educaci贸n, vivienda y previsi贸n) y reforzar su rol de 谩rbitro para garantizar la competencia, controlar los abusos de posici贸n dominante, combatir la concentraci贸n de la propiedad y poner atajo a los fraudes y a la colusi贸n en los mercados.

Lo parad贸jico del modelo de Chicago es que -en teor铆a- sostiene que en Chile se aplica el concepto de subsidiariedad del Estado, pero no incluy贸 ninguna frase en la Constituci贸n de 1980 referida a 茅sta, ni tampoco dot贸 de instrumentos al Estado para ejercerla en propiedad. Por lo tanto, la subsidiariedad ha operado como una declaraci贸n de intenciones antes que como una herramienta para dise帽ar pol铆ticas p煤blicas. Esto es, permitir que el Estado intervenga directamente cuando el sector privado no se interesa operar en los 谩mbitos (negocios) que no le garantizan r茅ditos suficientes.

Con una efectiva subsidiariedad, el Estado chileno podr铆a haber desarrollado pol铆ticas sociales con sentido universal, complementando la focalizaci贸n del gasto en los sectores m谩s vulnerables con programas dirigidos a la clase media.

En aquellas econom铆as que aplican este concepto con sentido integrador, el contrato social obliga a pagar altos impuestos (en algunos casos hasta del 50% del ingreso de los trabajadores), a cambio de recibir gratuidad en educaci贸n (en todos sus niveles) y salud, as铆 como un aut茅ntico seguro de protecci贸n social y no como la previsi贸n subsidiada (pilar solidario) que se aplica en Chile, como complemento del sistema privado de las AFP.
La verdadera prueba de fuego de este tipo de contrato social es proveer los derechos sociales b谩sicos con eficiencia, a tiempo y con un alto est谩ndar de calidad. Solo en esos casos la ciudadan铆a tolera y/o legitima la aplicaci贸n de altos impuestos.

La gran pregunta que se deben hacer los chilenos que proponen la universalidad del acceso a los derechos sociales b谩sicos en la nueva Constituci贸n, es si estar谩n dispuestos a aceptar una mayor carga impositiva, para aproximarse a los beneficios que reciben los ciudadanos en los pa铆ses con welfare state.

Si bien el modelo de Chicago result贸 ser eficaz para impulsar el crecimiento econ贸mico, a un ritmo nunca visto en la historia econ贸mica del pa铆s, fue un fracaso desde el punto de vista social. O sea, desde el punto de vista del desarrollo humano integral e integrador. Al fin y al cabo, el nivel de desarrollo social constituye la vara para medir la eficacia de cualquier sistema econ贸mico.

Postergaci贸n de la clase media

Despu茅s del plebiscito del 25 de octubre los defensores del modelo han seguido sosteniendo que se trata de una experiencia exitosa, porque tambi茅n permiti贸 sacar de la pobreza a millones de chilenos, reduciendo la tasa de pobres del 40% a menos del 10%. Con este fin las pol铆ticas sociales se basaron en la focalizaci贸n de la ayuda, mediante subsidios, a los m谩s pobres, pero descuidando el apoyo a las clases medias. Mientras millones chilenos sal铆an de la pobreza, las expectativas segu铆an en alza, para seguir avanzando en calidad de vida y en los niveles de consumo. La bola de nieve rod贸 cuesta abajo y se estrell贸 con una realidad que desintegr贸聽el sue帽o de la fr谩gil clase media, provocando un quiebre de la confianza con el orden imperante.

De pronto, millones de ciudadanos se vieron conminados a pagar por todos servicios b谩sicos, de educaci贸n, salud, agua potable, electricidad, transporte y vivienda. En su mayor parte, a precios de mercado. Tal desaliento aument贸 cuando les lleg贸 el momento de jubilar y se encontraron con un sistema que entrega聽pensiones miserables.

Lo que pueda resultar del actual proceso constituyente corresponder谩 a lo que por primera vez una mayor铆a empoderada, alejada de las 茅lites pol铆ticas, empresariales, religiosas e intelectuales, decida qu茅 hacer con la carta fundamental que ordena la institucionalidad.

Durante la mayor parte de la historia de Chile, las 茅lites -unas m谩s que otras- trataron de representar los intereses y aspiraciones de la gente com煤n. Esta, a su vez, confiaba en que aqu茅llas ser铆an capaces de atender sus demandas. De pronto, sin que nadie lo predijera, las 茅lites fueron sobrepasadas por la gente sencilla y el inveterado mecanismo聽top-down (de arriba hacia abajo), dio paso al bottom-up (de abajo hacia arriba), obligando a la clase pol铆tica a impulsar cambios institucionales.

El acuerdo para cambiar la constituci贸n fue la 煤nica alternativa para busca una salida pol铆tica a la crisis. Pero no desactiv贸 los numerosos grupos radicalizados y descolgados de las c煤pulas pol铆ticas, los cuales seguir谩n levantando obst谩culos para avanzar hacia un sistema pol铆tico y econ贸mico basado en una democracia profunda.

Esto porque la violencia es inercial y genera costumbre. Adem谩s, a los grupos radicalizados no les conviene que el Estado ejerza plenamente el monopolio de la fuerza.

Referencias:
(1) Marx, C., 鈥淓l Capital鈥, Fondo de Cultura Econ贸mica, 1946. P谩g. 639.
(2) Seg煤n el informe del Servicio Electoral (Servel), la opci贸n Apruebo obtuvo 5.886.421 votos, con el 78,27 %; y la opci贸n Rechazo 1.634.107 sufragios, con el 21,73%. Ver: https://oficial.servel.cl/wp-content/uploads/2020/10/7_Boletin_Parcial_Total_ultimo-1.pdf
(3) D茅lano, Manuel y Traslavi帽a Hugo, 鈥淟a herencia de los Chicago boys鈥. Las Ediciones del Ornitorrinco, Santiago de Chile 1989. P谩g. 8. Disponible en: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-79203.html